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Reflexiones sobre el Derecho Internacional del Espacio, a propósito del proyecto Starlink

1. ¿Qué es el proyecto Starlink?

El proyecto Starlink nació en 2015 de manos de la empresa SpaceX, de Elon Musk. Tiene como objetivo el desarrollo y despliegue de 42.000 satélites alrededor de la órbita terrestre baja (de los cuales aprobados se esperan 12.000), con el fin de crear una constelación de satélites capaces de proporcionar internet a nivel global, y que llegue a todos los rincones, dando una mayor velocidad, latencia y optimización de red[1].

La cuestión que está en el aire es quién tiene las razones más contundentes para hacer uso de los cielos, o ambos quizá, y que derechos y libertades están en juego, que se procede a analizar.

Como indica el jurista Carlos Pérez Vaquero “esta legislación es el resultado de un ámbito jurídico que aún es muy joven; apenas alcanza los 60 años. No podemos comparar el Derecho Internacional del Espacio con, por ejemplo, el Derecho del Mar porque llevamos miles de años navegando mientras que el ser humano no consiguió volar hasta finales del siglo XIX[2]”.

Existe un compendio de Tratados y principios de las Naciones Unidas sobre el espacio ultraterrestre, recogidos como distintos instrumentos jurídicos que son de especial interés para abordar la cuestión.

2. Tratados y principios de las Naciones Unidas sobre el espacio ultraterrestre

Nos centraremos en tres específicamente.

2.1. Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de exploración y utilización del espacio ultraterrestre

Comenzando por el Tratado sobre los principios que deben de regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes[3].

Consta en el 2º párrafo de su primer artículo que el espacio ultraterrestre estará abierto para su exploración y ubicación a todos los Estados, sin discriminación alguna en condiciones de igualdad, debiendo facilitar y fomentar los Estados la cooperación internacional en dichas investigaciones, pues incumben a toda la humanidad.

Por su parte, el artículo segundo del mismo indica que dicho espacio no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera.

Aquí se puede apreciar como principio supremo la no apropiación exclusiva por parte de una entidad, pública o privada, del espacio ultraterrestre. Ahora bien, si ambas partes aquí presentes, SpaceX y astrónomos del mundo entero, tienen derecho de ocupar y utilizar el espacio para sus fines, cabe preguntarse sobre el daño de la Megaconstelación de satélites que orbitarán la Tierra para sus investigaciones, que conllevan un perjuicio económico y extenderían el tiempo para dichos trabajos debido a problemas con localizaciones en determinados momentos y más fallos de los previstos en los resultados.

2.2. Convenio sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales

En segundo lugar, para hablar del daño, hay que mencionar el Convenio sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales[4].

Desgraciadamente para los astrónomos, en el mismo el art. 1.a) únicamente recoge como daño “la pérdida de vidas humanas, las lesiones corporales o perjuicios a la salud, así como la pérdida de bienes o los perjuicios causados a bienes de Estados o de personas físicas o morales, o de organizaciones internacionales o gubernamentales”. Es decir, no recoge los perjuicios que se ocasionan hacia las investigaciones y trabajos, sus retrasos, sino exclusivamente daños por objetos espaciales, como el cohete chino que cayó hace unos pocos días[5].

2.3. Declaración sobre la cooperación internacional en la explotación y utilización del espacio ultraterrestre

Por otro lado, en la Declaración sobre la cooperación internacional en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre en beneficio e interés de todos los Estados, teniendo especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo[7], encontramos el zénit de la cuestión en su punto 2, donde todas las actividades de cooperación deben poseer valores contractuales equitativos y razonables, debiendo respetar los derechos e intereses legítimos de las partes interesadas. Ante esta situación quedan en jaque tanto el derecho a proporcionar una mejor fuente de red al mundo entero, y el derecho a la observación nocturna del cielo para diversos proyectos, investigaciones, e incluso previsibilidad de posibles catástrofes o eventos poco usuales.

Para reducir la producción de Artefactos o manchas durante la visión de objetos celestes en los grandes telescopios (como es el caso del Gran Telescopio de Canarias, o ALMA, en Chile), SpaceX trabajó en el VisorSat, con una especie de visor o “parasol” que disminuye hasta cierto punto los destellos de luz. También han trabajado en intentar ponerse en acuerdo con los mismos observatorios, para poder mover los satélites y no estorbar en el momento de realizar una observación.

Los astrónomos también se han puesto a trabajar en posibilidades al alcance de sus manos para intentar disminuir la producción de esos Artefactos, aunque todas las soluciones conllevan a la disminución eficiente de los mismos observatorios, e incluso un desembolso económico de magnitudes abrumadoras, que tendrían que poner los Estados en sí.

3. Conclusiones

De forma conclusiva, incluso los escasos documentos “normativos” que existen dejan patente que, en casos como este, se da una disruptiva confusión entre sí mismos. Y a falta de una legislación contundente, las únicas soluciones son las que van surgiendo de la buena fe y motu proprio de SpaceX para reducir los destellos que se puedan ocasionar, puesto que los Estados nada han dicho al respecto, ni siquiera Europa donde se encuentra la Agencia Espacial Europea (AEE). Sin embargo, hay que tener en cuenta que no solo SpaceX quiere desplegar 42.000 satélites en un futuro, sino que otras compañías espaciales quieren lanzar sus propios satélites, como la Agencia Espacial Blue Origin, de Jeff Bezos[7].

Así, nos encontraríamos con un despliegue alrededor de 50.000 satélites, una mega constelación de características tales que conllevaría un cada vez mayor perjuicio para las labores científicas. Con dicho auge, es de esperar que países interesados se pongan de acuerdo en realizar una legislación más estricta y contundente respecto al tema.

Y tú, ¿Qué piensas del proyecto Starlink?

Nota a pie de página:

[1] https://www.starlink.com/

[2] https://noticias.juridicas.com/conocimiento/articulos-doctrinales/4582-diez-claves-para-conocer-el-derecho-del-espacio/

[3]https://www.proteccioncivil.es/catalogo/carpeta02/carpeta24/vademecum19/vdm02520ar/Tratado_principios_actividades.pdf

[4] https://derecho.usc.edu.co/files/Derecho_espacial_ultraterrestre/convenio_responsabilidad.pdf

[5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-57035862

[6] https://derecho.usc.edu.co/files/Derecho_espacial_ultraterrestre/declaracion_cooperacion_espacio_ultraterrestre.pdf

[7] https://www.bbc.com/mundo/noticias-56435257


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Astrónomos vs. Starlink: ¿quién tiene derecho sobre los cielos?

Un artículo de Ángel Manuel Chavarría López

Ha estudiado el Grado en Derecho en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. También ha hecho un Máster online en Investigación de Mercados y estudio de delitos económicos a través de la Escuela de Negocios Inenka. Actualmente, se encuentra buscando trabajo y estudiando un Doble Máster también online en Criminología y psicología forense a través de Esneca Business School. Además, tiene dedicación de escribir y publicar literatura.


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Ángel Manuel Chavarría López. Astrónomos vs. Starlink: ¿quién tiene derecho sobre los cielos? [online]. Juristas con Futuro. 13/06/2021. https://www.juristasconfuturo.com/recursos/doctrina-juridica/astronomos-vs-starlink-quien-tiene-derecho-sobre-los-cielos/. Consulta: [indicar la fecha en que has consultado el artículo]

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2 pensamientos en “Astrónomos vs. Starlink: ¿quién tiene derecho sobre los cielos?

  • 14/06/2021 a las 09:34
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    Me parece muy interesante e imprescindible lo que se está haciendo, aunque nadie creo que obvie el egoísmo humano, de las naciones y de otros colectivos, por lo que será muy difícil coordinar los intereses generales. Supongo que los problemas serán similares a los del agua en la Tierra, o a los del propio aire que respiramos.

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    • 16/06/2021 a las 07:56
      Enlace permanente

      En efecto, Adolfo. Lo complicado reside en el conflicto de derechos fundamentales: por un lado, el acceso a una necesidad ya básica como es internet a nivel global, y por otro lado, el derecho al trabajo de un sector profesional que se tiene en muchos casos infravalorado por otros sectores, como es el de la astrofísica o la astronomía. Es una situación que tiene que estar llevándose por conciliaciones entre las partes, e intentos de las compañías de ajustarse a las peticiones de los astrónomos, pues son hacia quienes se da un mayor perjuicio.

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